Aimar asume el mando



Pablo Aimar parece dispuesto a cobrar el protagonismo que desde su llegada al Valencia, hace cuatro años, se le aventuraba en el equipo, después de que en las tres últimas jornadas su concurso haya sido relevante para el conjunto de Mestalla. Aimar, de 25 años, fue el autor del gol que el Valencia marcó en el empate a un tanto en Mestalla ante el Real Madrid, además de rematar un cabezazo al larguero en el último minuto del partido.

Liberado de un técnico que apenas le concedía opciones de aportar el fútbol que lleva dentro el liviano jugador argentino, como era el caso del italiano Claudio Ranieri, ahora Aimar parece haber aceptado la propuesta que su nuevo entrenador, el español Antonio López, de convertirse en el alma de un equipo que busca la identidad perdida.

Dentro del giro de 180 grados que experimentó el equipo tras la marcha de Ranieri en el primer partido de López en banquillo, Aimar fue uno de los jugadores al que en mayor medida se le notó la mejoría, no sólo en su juego, incluso en su cara, ya que apareció con una sonrisa ya olvidada tras unos tiempos difíciles para el futbolista de Río Cuarto.

«Aimar ha vuelto», dice la afición

«Aimar ha vuelto», fue una de las frases más repetidas entre los aficionados tras el primer partido en el que destacó el argentino, ante el Betis en Mestalla, y la duda que había en el ambiente era saber si este cambio sería pasajero o, por contra, se ratificaría y daría continuidad en los dos episodios siguientes. Frente al Sevilla, el talentoso jugador suramericano quiso transmitir su deseo de ser una de las referencias del Valencia, además de que su exquisito fútbol tenga una continuidad que hasta la fecha no ha tenido, si bien durante la pasada temporada y principios de la actual las lesiones masacraron al jugador y minaron su moral. El sábado, ante el Madrid, estuvo soberbio. Siempre se ha tenido a Aimar por un futbolista al que su pequeña complexión le pasa factura en forma de un menor aguante físico, como ha quedado reflejado tras sus largos viajes para jugar con la selección de su país, ya que mientras que la recuperación del esfuerzo de su compatriota y compañero Fabián Ayala era inmediata, la suya le obligaba a descansar en el siguiente partido. Sin embargo, su condición técnica siempre le ha situado entre los preferidos de una afición que le venera y que ansía ver con más frecuencia al Aimar genial, a ese jugador que otorga al equipo un aire de distinción con su forma diferente de leer una jugada y de ver el fútbol en general.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

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