La tarara de Aimar



Aimar si, Aimar, no. Como la Tarara de la Pascua. El pibe, lógico, no está loco de satisfacción en el Valencia. Ni el Valencia de él. Es la eterna promesa en la que todo el mundo lleva años esperando que explote y ratifique sus indudables condiciones. Pero entre múltiples lesiones, bajas formas, tácticas de sus entrenadores y otras menudencias, Aimar no está siendo aquel jugador que se salía y que iba a ser un fuera de serie.

De todo esto a la intermitencia en el banquillo. A salir escasos minutos y, peor aún, sin signos evidentes de su calidad, porque solo en cuentagotas se ha podido entrever su categoría.

La última, cara al mercado navideño y con la cercanía de los Santos Inocentes como sospecha, es que el Liverpool estaba interesado en su adquisición, circunstancia que ha matizado Rafa Benítez proclamando a los cuatro vientos que Pablito no es el jugador que necesita, y que lo que está buscando es un rompedor, cualidad que no está entre las muchas del argentino. Además en su gloriosa época como entrenador del Valencia, Aimar tampoco fue valorado en exceso por el madrileño, que lo tuvo más en la banqueta que retozando por el césped.

Lo cierto es que Aimar, al que nadie le niega los conocimientos en este deporte, es un hombre de frágil estructura, propenso a las lesiones y al que hay que llevar entre algodones para sacarle una rentabilidad. En Valencia solo le hemos visto detalles, algunos gloriosos, pero esto no basta. Ha tenido tiempo para enseñar sus dotes. El Valencia, pienso, está más que interesado en un buen y rentable traspaso del argentino. Cara a este mercadillo navideño está sacando el tema hasta de una manera subliminal. Lo bueno que tienen los constructores y los maestros de obra (obrers de vila), es que son prácticos y van a la reducción de costes de manera directa.

Soler tiene un diamante en bruto de muchos quilates pero sin pulir. Lo cual no deja de ser una circonita. Pues que lo pula otro que esté dispuesto a pagar lo que marca la etiqueta. Etiqueta que tantas lesiones, banquillo y otras circunstancias, ha quedado con una evidente minusvalía.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

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